HOLA CHICOS:
LES DEJO LOS TEMAS DE TRIMESTRALES:
* CARACTERÍSTICAS DE GÉNERO:
- CIENCIA FICCIÓN: CRÓNICAS MARCIANAS
- LEYENDA URBANA: EL JINETE SIN CABEZA
* VERBOS REGULARES
* VERBOS IRREGULARES
* CORRELACIÓN DE IRREGULARIDADES
* PARADIGMA DE LA CONJUGACIÓN (COMPLETA)
* EL MORFEMA FLEXIVO DEL VERBO
* LOS VERBOS COPULATIVOS
* EL P.S.O.
* ORACIÓN SIMPLE Y ORACIÓN COMPUESTA
SEGUIMOS TRABAJANDO EN CLASE. UN SALUDO.
PROF. CORINA OFELIA LAITA
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Tuesday, 8 August 2017
Monday, 12 June 2017
VERBOS REGULARES E IRREGULARES
EJERCICIOS SOBRE
VERBOS REGULARES E IRREGULARES PARA 3° AÑO
1)
CONJUGA
EL VERBO EN INFINITIVO DE ACUERDO A LAS NECESIDADES DE COHESIÓN Y COHERENCIA
DEL TEXTO.
PÁGINA ASESINA
En un pueblo de Escocia vender
libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un
lector desembocar en esa
página al dar las tres de la tarde, morir.
2)
IDENTIFICA
EL PARADIGMA DE LA CONJUGACIÓN DE LOS VERBOS MARCADOS.
INSTRUCCIONES PARA LLORAR
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta
de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su
paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido
espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el
llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar,
dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por
haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del
estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro
usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga
del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración
media del llanto, tres minutos.
JULIO
CORTÁZAR
3)
INDICA
SI SON REGULARES O IRREGULARES.
4)
SI
SON REGULARES, INDICA A QUÉ CORRELACIÓN PERTENECEN.
Thursday, 4 May 2017
CONTENIDOS TRIMESTRALES DE P. DEL LENGUAJE
CONTENIDOS PARA LA EVALUACIÓN TRIMESTRAL
- UNA CANCIÓN DE NAVIDAD (NOVELA)
-TEORÍA DE LA ENUNCIACIÓN: LAS COMPETENCIAS COMUNICATIVAS
- ÍTEMS COHESIVOS
- COHESIÓN Y COHERENCIA
- ELEMENTOS DEL GÉNERO REALISTA EN LOS CUENTOS: "EL MUERTO"
"INFIERNO GRANDE"
- LA BIOGRAFÍA
- TRAMA Y FUNCIONES DEL LENGUAJE
- UNA CANCIÓN DE NAVIDAD (NOVELA)
-TEORÍA DE LA ENUNCIACIÓN: LAS COMPETENCIAS COMUNICATIVAS
- ÍTEMS COHESIVOS
- COHESIÓN Y COHERENCIA
- ELEMENTOS DEL GÉNERO REALISTA EN LOS CUENTOS: "EL MUERTO"
"INFIERNO GRANDE"
- LA BIOGRAFÍA
- TRAMA Y FUNCIONES DEL LENGUAJE
Thursday, 6 April 2017
CUENTO REALISTA
Jorge Luis Borges
(1899–1986)
El muerto
El Aleph (1949)
(1899–1986)
El muerto
El Aleph (1949)
Que un hombre del suburbio de Buenos Aires, que un triste compadrito sin más virtud que la infatuación del coraje, se interne en los desiertos ecuestres de la frontera del Brasil y llegue a capitán de contrabandistas, parece de antemano imposible. A quienes lo entienden así, quiero contarles el destino de Benjamin Otálora, de quien acaso no perdura un recuerdo en el barrio de Balvanera y que murió en su ley, de un balazo, en los confines de Río Grande do Sul. Ignoro los detalles de su aventura; cuando me sean revelados, he de rectificar y ampliar estas páginas. Por ahora, este resumen puede ser útil.
Benjamín Otálora cuenta, hacia 1891, diecinueve años. Es un mocetón de frente mezquina, de sinceros ojos claros, de reciedumbre vasca; una puñalada feliz le ha revelado que es un hombre valiente; no lo inquieta la muerte de su contrario, tampoco la inmediata necesidad de huir de la República. El caudillo de la parroquia le da una carta para un tal Azevedo Bandeira, del Uruguay. Otálora se embarca, la travesía es tormentosa y crujiente; al otro día, vaga por las calles de Montevideo, con inconfesada y tal vez ignorada tristeza. No da con Azevedo Bandeira; hacia la medianoche, en un almacén del Paso del Molino, asiste a un altercado entre unos troperos. Un cuchillo relumbra; Otálora no sabe de qué lado está la razón, pero lo atrae el puro sabor del peligro, como a otros la baraja o la música. Para, en el entrevero, una puñalada baja que un peón le tira a un hombre de galera oscura y de poncho. Éste, después, resulta ser Azevedo Bandeira. (Otálora, al saberlo, rompe la carta, porque prefiere debérselo todo a sí mismo.) Azevedo Bandeira da, aunque fornido, la injustificable impresión de ser contrahecho; en su rostro, siempre demasiado cercano, están el judío, el negro y el indio; en su empaque, el mono y el tigre; la cicatriz que le atraviesa la cara es un adorno más, como el negro bigote cerdoso.
Proyección o error del alcohol, el altercado cesa con la misma rapidez con que se produjo. Otálora bebe con los troperos y luego los acompaña a una farra y luego a un caserón en la Ciudad Vieja, ya con el sol bien alto. En el último patio, que es de tierra, los hombres tienden su recado para dormir. Oscuramente, Otálora compara esa noche con la anterior; ahora ya pisa tierra firme, entre amigos. Lo inquieta algún remordimiento, eso sí, de no extrañar a Buenos Aires. Duerme hasta la oración, cuando lo despierta el paisano que agredió, borracho, a Bandeira. (Otálora recuerda que ese hombre ha compartido con los otros la noche de tumulto y de júbilo y que Bandeira lo sentó a su derecha y lo obligó a seguir bebiendo.) El hombre le dice que el patrón lo manda buscar. En una suerte de escritorio que da al zaguán (Otálora nunca ha visto un zaguán con puertas laterales) está esperándolo Azevedo Bandeira, con una clara y desdeñosa mujer de pelo colorado. Bandeira lo pondera, le ofrece una copa de caña, le repite que le está pareciendo un hombre animoso, le propone ir al Norte con los demás a traer una tropa. Otálora acepta; hacia la madrugada están en camino, rumbo a Tacuarembó.
Empieza entonces para Otálora una vida distinta, una vida de vastos amaneceres y de jornadas que tienen el olor del caballo. Esa vida es nueva para él, y a veces atroz, pero ya está en su sangre, porque lo mismo que los hombres de otras naciones veneran y presienten el mar, así nosotros (también el hombre que entreteje estos símbolos) ansiamos la llanura inagotable que resuena bajo los cascos. Otálora se ha criado en los barrios del carrero y del cuarteador; antes de un año se hace gaucho. Aprende a jinetear, a entropillar la hacienda, a carnear, a manejar el lazo que sujeta y las boleadoras que tumban, a resistir el sueño, las tormentas, las heladas y el sol, a arrear con el silbido y el grito. Sólo una vez, durante ese tiempo de aprendizaje, ve a Azevedo Bandeira, pero lo tiene muy presente, porque ser hombre de Bandeira es ser considerado y temido, y porque, ante cualquier hombrada, los gauchos dicen que Bandeira lo hace mejor. Alguien opina que Bandeira nació del otro lado del Cuareim, en Rio Grande do Sul; eso, que debería rebajarlo, oscuramente lo enriquece de selvas populosas, de ciénagas, de inextricable y casi infinitas distancias. Gradualmente, Otálora entiende que los negocios de Bandeira son múltiples y que el principal es el contrabando. Ser tropero es ser un sirviente; Otálora se propone ascender a contrabandista. Dos de los compañeros, una noche, cruzarán la frontera para volver con unas partidas de caña; Otálora provoca a uno de ellos, lo hiere y toma su lugar. Lo mueve la ambición y también una oscura fidelidad. Que el hombre (piensa) acabe por entender que yo valgo más que todos sus orientales juntos.
Otro año pasa antes que Otálora regrese a Montevideo. Recorren las orillas, la ciudad (que a Otálora le parece muy grande); llegan a casa del patrón; los hombres tienden los recados en el último patio. Pasan los días y Otálora no ha visto a Bandeira. Dicen, con temor, que está enfermo; un moreno suele subir a su dormitorio con la caldera y con el mate. Una tarde, le encomiendan a Otálora esa tarea. Éste se siente vagamente humillado, pero satisfecho también.
El dormitorio es desmantelado y oscuro. Hay un balcón que mira al poniente, hay una larga mesa con un resplandeciente desorden de taleros, de arreadores, de cintos, de armas de fuego y de armas blancas, hay un remoto espejo que tiene la luna empañada. Bandeira yace boca arriba; sueña y se queja; una vehemencia de sol último lo define. El vasto lecho blanco parece disminuirlo y oscurecerlo; Otálora nota las canas, la fatiga, la flojedad, las grietas de los años. Lo subleva que los esté mandando ese viejo. Piensa que un golpe bastaría para dar cuenta de él. En eso, ve en el espejo que alguien ha entrado. Es la mujer de pelo rojo; está a medio vestir y descalza y lo observa con fría curiosidad. Bandeira se incorpora; mientras habla de cosas de la campaña y despacha mate tras mate, sus dedos juegan con las trenzas de la mujer. Al fin, le da licencia a Otálora para irse.
Días después, les llega la orden de ir al Norte. Arriban a una estancia perdida, que está como en cualquier lugar de la interminable llanura. Ni árboles ni un arroyo la alegran, el primer sol y el último la golpean. Hay corrales de piedra para la hacienda, que es guampuda y menesterosa. El Suspiro se llama ese pobre establecimiento.
Otálora oye en rueda de peones que Bandeira no tardará en llegar de Montevideo. Pregunta por qué; alguien aclara que hay un forastero agauchado que está queriendo mandar demasiado. Otálora comprende que es una broma, pero le halaga que esa broma ya sea posible. Averigua, después, que Bandeira se ha enemistado con uno de los jefes políticos y que éste le ha retirado su apoyo. Le gusta esa noticia.
Llegan cajones de armas largas; llegan una jarra y una palangana de plata para el aposento de la mujer; llegan cortinas de intrincado damasco; llega de las cuchillas, una mañana, un jinete sombrío, de barba cerrada y de poncho. Se llama Ulpiano Suárez y es el capanga o guardaespaldas de Azevedo Bandeira. Habla muy poco y de una manera abrasilerada. Otálora no sabe si atribuir su reserva a hostilidad, a desdén o a mera barbarie. Sabe, eso si, que para el plan que está maquinando tiene que ganar su amistad.
Entra después en el destino de Benjamin Otálora un colorado cabos negros que trae del sur Azevedo Bandeira y que luce apero chapeado y carona con bordes de piel de tigre. Ese caballo liberal es un símbolo de la autoridad del patrón y por eso lo codicia el muchacho, que llega también a desear, con deseo rencoroso, a la mujer de pelo resplandeciente. La mujer, el apero y el colorado son atributos o adjetivos de un hombre que él aspira a destruir.
Aquí la historia se complica y se ahonda. Azevedo Bandeira es diestro en el arte de la intimidación progresiva, en la satánica maniobra de humillar al interlocutor gradualmente, combinando veras y burlas; Otálora resuelve aplicar ese método ambiguo a la dura tarea que se propone. Resuelve suplantar, lentamente, a Azevedo Bandeira. Logra, en jornadas de peligro común, la amistad de Suárez. Le confía su plan; Suárez le promete su ayuda. Muchas cosas van aconteciendo después, de las que sé unas pocas. Otálora no obedece a Bandeira; da en olvidar, en corregir, en invertir sus órdenes. El universo parece conspirar con él y apresura los hechos. Un mediodía, ocurre en campos de Tacuarembó un tiroteo con gente riograndense; Otálora usurpa el lugar de Bandeira y manda a los orientales. Le atraviesa el hombro una bala, pero esa tarde Otálora regresa al Suspiro en el colorado del jete y esa tarde unas gotas de su sangre manchan la piel de tigre y esa noche duerme con la mujer de pelo reluciente. Otras versiones cambian el orden de estos hechos y niegan que hayan ocurrido en un solo día.
Bandeira, sin embargo, siempre es nominalmente el jefe. Da órdenes que no se ejecutan; Benjamín Otálora no lo toca, por una mezcla de rutina y de lástima.
La última escena de la historia corresponde a la agitación de la última noche de 1894. Esa noche, los hombres del Suspiro comen cordero recién carneado y beben un alcohol pendenciero. Alguien infinitamente rasguea una trabajosa milonga. En la cabecera de la mesa, Otálora, borracho, erige exultación sobre exultación, júbilo sobre júbilo; esa torre de vértigo es un símbolo de su irresistible destino. Bandeira, taciturno entre los que gritan, deja que fluya clamorosa la noche. Cuando las doce campanadas resuenan, se levanta como quien recuerda una obligación. Se levanta y golpea con suavidad a la puerta de la mujer. Ésta le abre en seguida, como si esperara el llamado. Sale a medio vestir y descalza. Con una voz que se afemina y se arrastra, el jefe le ordena:
—Ya que vos y el porteño se quieren tanto, ahora mismo le vas a dar un beso a vista de todos.
Agrega una circunstancia brutal. La mujer quiere resistir, pero dos hombres la han tomado del brazo y la echan sobre Otálora. Arrasada en lágrimas, le besa la cara y el pecho. Ulpiano Suárez ha empuñado el revólver. Otálora comprende, antes de morir, que desde el principio lo han traicionado, que ha sido condenado a muerte, que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto, porque para Bandeira ya estaba muerto.
Suárez, casi con desdén, hace fuego.
Benjamín Otálora cuenta, hacia 1891, diecinueve años. Es un mocetón de frente mezquina, de sinceros ojos claros, de reciedumbre vasca; una puñalada feliz le ha revelado que es un hombre valiente; no lo inquieta la muerte de su contrario, tampoco la inmediata necesidad de huir de la República. El caudillo de la parroquia le da una carta para un tal Azevedo Bandeira, del Uruguay. Otálora se embarca, la travesía es tormentosa y crujiente; al otro día, vaga por las calles de Montevideo, con inconfesada y tal vez ignorada tristeza. No da con Azevedo Bandeira; hacia la medianoche, en un almacén del Paso del Molino, asiste a un altercado entre unos troperos. Un cuchillo relumbra; Otálora no sabe de qué lado está la razón, pero lo atrae el puro sabor del peligro, como a otros la baraja o la música. Para, en el entrevero, una puñalada baja que un peón le tira a un hombre de galera oscura y de poncho. Éste, después, resulta ser Azevedo Bandeira. (Otálora, al saberlo, rompe la carta, porque prefiere debérselo todo a sí mismo.) Azevedo Bandeira da, aunque fornido, la injustificable impresión de ser contrahecho; en su rostro, siempre demasiado cercano, están el judío, el negro y el indio; en su empaque, el mono y el tigre; la cicatriz que le atraviesa la cara es un adorno más, como el negro bigote cerdoso.
Proyección o error del alcohol, el altercado cesa con la misma rapidez con que se produjo. Otálora bebe con los troperos y luego los acompaña a una farra y luego a un caserón en la Ciudad Vieja, ya con el sol bien alto. En el último patio, que es de tierra, los hombres tienden su recado para dormir. Oscuramente, Otálora compara esa noche con la anterior; ahora ya pisa tierra firme, entre amigos. Lo inquieta algún remordimiento, eso sí, de no extrañar a Buenos Aires. Duerme hasta la oración, cuando lo despierta el paisano que agredió, borracho, a Bandeira. (Otálora recuerda que ese hombre ha compartido con los otros la noche de tumulto y de júbilo y que Bandeira lo sentó a su derecha y lo obligó a seguir bebiendo.) El hombre le dice que el patrón lo manda buscar. En una suerte de escritorio que da al zaguán (Otálora nunca ha visto un zaguán con puertas laterales) está esperándolo Azevedo Bandeira, con una clara y desdeñosa mujer de pelo colorado. Bandeira lo pondera, le ofrece una copa de caña, le repite que le está pareciendo un hombre animoso, le propone ir al Norte con los demás a traer una tropa. Otálora acepta; hacia la madrugada están en camino, rumbo a Tacuarembó.
Empieza entonces para Otálora una vida distinta, una vida de vastos amaneceres y de jornadas que tienen el olor del caballo. Esa vida es nueva para él, y a veces atroz, pero ya está en su sangre, porque lo mismo que los hombres de otras naciones veneran y presienten el mar, así nosotros (también el hombre que entreteje estos símbolos) ansiamos la llanura inagotable que resuena bajo los cascos. Otálora se ha criado en los barrios del carrero y del cuarteador; antes de un año se hace gaucho. Aprende a jinetear, a entropillar la hacienda, a carnear, a manejar el lazo que sujeta y las boleadoras que tumban, a resistir el sueño, las tormentas, las heladas y el sol, a arrear con el silbido y el grito. Sólo una vez, durante ese tiempo de aprendizaje, ve a Azevedo Bandeira, pero lo tiene muy presente, porque ser hombre de Bandeira es ser considerado y temido, y porque, ante cualquier hombrada, los gauchos dicen que Bandeira lo hace mejor. Alguien opina que Bandeira nació del otro lado del Cuareim, en Rio Grande do Sul; eso, que debería rebajarlo, oscuramente lo enriquece de selvas populosas, de ciénagas, de inextricable y casi infinitas distancias. Gradualmente, Otálora entiende que los negocios de Bandeira son múltiples y que el principal es el contrabando. Ser tropero es ser un sirviente; Otálora se propone ascender a contrabandista. Dos de los compañeros, una noche, cruzarán la frontera para volver con unas partidas de caña; Otálora provoca a uno de ellos, lo hiere y toma su lugar. Lo mueve la ambición y también una oscura fidelidad. Que el hombre (piensa) acabe por entender que yo valgo más que todos sus orientales juntos.
Otro año pasa antes que Otálora regrese a Montevideo. Recorren las orillas, la ciudad (que a Otálora le parece muy grande); llegan a casa del patrón; los hombres tienden los recados en el último patio. Pasan los días y Otálora no ha visto a Bandeira. Dicen, con temor, que está enfermo; un moreno suele subir a su dormitorio con la caldera y con el mate. Una tarde, le encomiendan a Otálora esa tarea. Éste se siente vagamente humillado, pero satisfecho también.
El dormitorio es desmantelado y oscuro. Hay un balcón que mira al poniente, hay una larga mesa con un resplandeciente desorden de taleros, de arreadores, de cintos, de armas de fuego y de armas blancas, hay un remoto espejo que tiene la luna empañada. Bandeira yace boca arriba; sueña y se queja; una vehemencia de sol último lo define. El vasto lecho blanco parece disminuirlo y oscurecerlo; Otálora nota las canas, la fatiga, la flojedad, las grietas de los años. Lo subleva que los esté mandando ese viejo. Piensa que un golpe bastaría para dar cuenta de él. En eso, ve en el espejo que alguien ha entrado. Es la mujer de pelo rojo; está a medio vestir y descalza y lo observa con fría curiosidad. Bandeira se incorpora; mientras habla de cosas de la campaña y despacha mate tras mate, sus dedos juegan con las trenzas de la mujer. Al fin, le da licencia a Otálora para irse.
Días después, les llega la orden de ir al Norte. Arriban a una estancia perdida, que está como en cualquier lugar de la interminable llanura. Ni árboles ni un arroyo la alegran, el primer sol y el último la golpean. Hay corrales de piedra para la hacienda, que es guampuda y menesterosa. El Suspiro se llama ese pobre establecimiento.
Otálora oye en rueda de peones que Bandeira no tardará en llegar de Montevideo. Pregunta por qué; alguien aclara que hay un forastero agauchado que está queriendo mandar demasiado. Otálora comprende que es una broma, pero le halaga que esa broma ya sea posible. Averigua, después, que Bandeira se ha enemistado con uno de los jefes políticos y que éste le ha retirado su apoyo. Le gusta esa noticia.
Llegan cajones de armas largas; llegan una jarra y una palangana de plata para el aposento de la mujer; llegan cortinas de intrincado damasco; llega de las cuchillas, una mañana, un jinete sombrío, de barba cerrada y de poncho. Se llama Ulpiano Suárez y es el capanga o guardaespaldas de Azevedo Bandeira. Habla muy poco y de una manera abrasilerada. Otálora no sabe si atribuir su reserva a hostilidad, a desdén o a mera barbarie. Sabe, eso si, que para el plan que está maquinando tiene que ganar su amistad.
Entra después en el destino de Benjamin Otálora un colorado cabos negros que trae del sur Azevedo Bandeira y que luce apero chapeado y carona con bordes de piel de tigre. Ese caballo liberal es un símbolo de la autoridad del patrón y por eso lo codicia el muchacho, que llega también a desear, con deseo rencoroso, a la mujer de pelo resplandeciente. La mujer, el apero y el colorado son atributos o adjetivos de un hombre que él aspira a destruir.
Aquí la historia se complica y se ahonda. Azevedo Bandeira es diestro en el arte de la intimidación progresiva, en la satánica maniobra de humillar al interlocutor gradualmente, combinando veras y burlas; Otálora resuelve aplicar ese método ambiguo a la dura tarea que se propone. Resuelve suplantar, lentamente, a Azevedo Bandeira. Logra, en jornadas de peligro común, la amistad de Suárez. Le confía su plan; Suárez le promete su ayuda. Muchas cosas van aconteciendo después, de las que sé unas pocas. Otálora no obedece a Bandeira; da en olvidar, en corregir, en invertir sus órdenes. El universo parece conspirar con él y apresura los hechos. Un mediodía, ocurre en campos de Tacuarembó un tiroteo con gente riograndense; Otálora usurpa el lugar de Bandeira y manda a los orientales. Le atraviesa el hombro una bala, pero esa tarde Otálora regresa al Suspiro en el colorado del jete y esa tarde unas gotas de su sangre manchan la piel de tigre y esa noche duerme con la mujer de pelo reluciente. Otras versiones cambian el orden de estos hechos y niegan que hayan ocurrido en un solo día.
Bandeira, sin embargo, siempre es nominalmente el jefe. Da órdenes que no se ejecutan; Benjamín Otálora no lo toca, por una mezcla de rutina y de lástima.
La última escena de la historia corresponde a la agitación de la última noche de 1894. Esa noche, los hombres del Suspiro comen cordero recién carneado y beben un alcohol pendenciero. Alguien infinitamente rasguea una trabajosa milonga. En la cabecera de la mesa, Otálora, borracho, erige exultación sobre exultación, júbilo sobre júbilo; esa torre de vértigo es un símbolo de su irresistible destino. Bandeira, taciturno entre los que gritan, deja que fluya clamorosa la noche. Cuando las doce campanadas resuenan, se levanta como quien recuerda una obligación. Se levanta y golpea con suavidad a la puerta de la mujer. Ésta le abre en seguida, como si esperara el llamado. Sale a medio vestir y descalza. Con una voz que se afemina y se arrastra, el jefe le ordena:
—Ya que vos y el porteño se quieren tanto, ahora mismo le vas a dar un beso a vista de todos.
Agrega una circunstancia brutal. La mujer quiere resistir, pero dos hombres la han tomado del brazo y la echan sobre Otálora. Arrasada en lágrimas, le besa la cara y el pecho. Ulpiano Suárez ha empuñado el revólver. Otálora comprende, antes de morir, que desde el principio lo han traicionado, que ha sido condenado a muerte, que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto, porque para Bandeira ya estaba muerto.
Suárez, casi con desdén, hace fuego.
QUERIDOS ALUMNOS:
LUEGO DE LA LECTURA DE ESTE MARAVILLOSO CUENTO DE JORGE LUIS BORGES, LOS INVITO A RESPONDER LAS SIGUIENTES PREGUNTAS QUE SE RELACIONAN CON LA TAREA QUE TENÍAMOS PARA ESTA SEMANA SOBRE EL CUENTO REALISTA ( SU ORIGEN Y CARACTERÍSTICAS).
RESPONDER:
1) IDENTIFICA EL O LOS CONFLICTOS DEL CUENTO.
2) ¿QUÉ CARACTERÍSTICAS DE GÉNERO LITERARIO ENCUENTRAS? MARCA EN EL TEXTO ESAS CARACTERÍSTICAS Y EXPLICA EN LA CARPETA.
3) ¿ NOTÁS ALGO EXTRAÑO EN LA ESTRUCTURA DE LA NARRACIÓN Y EN LAS ESTRATEGIAS NARRATIVAS?
4) EN LAS DESCRIPCIONES SE ENCUENTRA UN EFECTO CROMÁTICO: ¿QUÉ COLOR SE RESALTA? IDENTIFICA ESAS DESCRIPCIONES EN EL TEXTO.
Monday, 27 March 2017
COMPETENCIAS, CONTENIDOS Y CRITERIOS DE EVALUACIÓN
CONTENIDOS
A TRABAJAR EN 3* año
1*
TRIMESTRE
-
LA
COMUNICACIÓN
-
LAS
FUNCIONES DEL LENGUAJE
-
MITOS
URBANOS
-
LAS
VARIACIONES LINGÜÍSTICAS
-
CONCEPTOS
DEL ROMANTICISMO
-
EL ESTILO
GÓTICO
-
LA
BIOGRAFÍA
-
ÍTEMS
COHESIVOS
-
VERBOS,
VERBOIDES
-
VERBOS
REGULARES E IRREGULARES
-
PARADIGMA
DE LOS TIEMPOS VERBALES
-
TEXTOS:
SLEEPY HOLLOW. EL JINETE SIN CABEZA, ED.
ESTRADA.
CHARLES DICKENS. CANCIÓN
DE NAVIDAD, ED. CÁNTARO.
2*
TRIMESTRE
-
CORRELACIÓN
DE IRREGULARIDADES
-
CONCEPTOS
DEL GÉNERO DE CIENCIA FICCIÓN
-
ELEMENTOS
DE LA SINTAXIS: OB/OU/PSO/PSnoO
-
VERBOS
COPULATIVOS
-
VERBOS
TRANSITIVOS
-
PERÍFRASIS
VERBAL EN ACTIVA Y PASIVA
-
ORACIONES
COMPUESTAS POR COORDINACIÓN Y YUXTAPOSICIÓN
-
TEXTO:
RAY BRADBURY. CRÓNICAS MARCIANAS, ED.
MINOTAURO.
3* TRIMESTRE
-
EL TEXTO
ARGUMENTATIVOS
-
ELEMENTOS
DE LA RETÓRICA DISCUSIVA
-
ELEMENTOS
QUE REFUERZAN Y MITIGAN LOS PUNTOS DE VISTA
-
CONCEPTOS
DEL GÉNERO FANTÁSTICO
-
CONCEPTOS
DEL GÉNERO DRAMÁTICO
-
CONCEPTOS
DEL GÉNERO LÍRICO
-
RECURSOS
DE LOS GÉNEROS LITERARIOS A TRABAJAR
-
SINTAXIS:
ORACIONES COMPLEJAS, LA SUBORDINACIÓN
-
TEXTOS:
AA/VV. SELECCIÓN POÉTICA
MOLIÉRE. EL AVARO, ED. ESTRADA
OSCAR WILDE. LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO, ED. CÁNTARO.
Expectativas y competencias de P. del lenguaje- 3°
año
|
EXPECTATIVAS
DE LOGROS 3° AÑO – PRÁCTICAS DEL LENGUAJE – COLEGIO SAN DIEGO
·
QUE LOS ALUMNOS PUEDAN ACERCARSE A LA EXPRESIÓN
LITERARIA
·
QUE PUEDAN UTILIZAR E IDENTIFICAR LOS RECURSOS
DISCURSIVOS NECESARIOS PARA LA INTERPRETACIÓN Y REALIZACIÓN DE TEXTOS
ARGUMENTATIVOS.
·
REALIZAR LECTURAS CRÍTICAS SOBRE EL MATERIAL
LITERARIO Y SOBRE TEXTOS DE OTRAS DISCIPLINAS.
·
QUE PUEDAN GENERAR SUS PROPIOS DISCURSOS
INCORPORANDO DEBATES SOBRE LO LEÍDO EN EL CORPUS LITERARIO PROPUESTO.
·
QUE RECONOZCAN, INTERPRETEN Y EJECUTEN
ESTRUCTURAS SINTÁCTICAS COMPLEJAS.
·
QUE FOMENTEN Y DESARROLLEN EL TRABAJO EN EQUIPO.
·
FORJAR UNA ACTITUD DE INTERÉS Y RESPONSABILIDAD
FRENTE A LA MATERIA.
·
QUE PUEDAN CAPITALIZAR LOS CONOCIMIENTOS
ACUMULADOS DURANTE LA CURSADA.
COMPETENCIAS
TERMINALES
• Seleccionen, tomando en cuenta las
orientaciones propuestas, las obras que van a leer por sí mismos o compartir
con otros.
• Justifiquen esas elecciones en
conocimientos que fueron elaborando sobre el autor, el género, la época, los
movimientos literarios, el lenguaje
utilizado, la propia experiencia de lectura.
• Participen, periódicamente, de sesiones
de comentario de las obras literarias y sobre literatura seleccionadas por la
docente en las que:
- aporten sus interpretaciones;
- comparen los autores, los géneros, las
temáticas y otros ejes de análisis pautados previamente;
- hablen sobre sus experiencias de lectura
de esas obras y escuchen las de sus compañeros;
-
respondan de manera oral o escrita a los interrogantes explicitados para
comprender mejor los textos de crítica y los ensayos.
•
Presenten listas y resúmenes de los textos leídos y otros materiales
utilizados, la planificación y las distintas versiones de sus comentarios para
dar cuenta
del proceso de elaboración de sus escritos
sobre la lectura literaria.
•
Aporten sus creaciones; estén abiertos a
los juicios de los otros y a compartir sus propias valoraciones;
•
Contemplen las sugerencias del docente y de sus compañeros para revisar sus
escritos;
•
Prevean, con criterios propios y compartidos, dónde buscar información
pertinente para lo que quieren conocer.
•
Seleccionen del material consultado, cada vez más autónomamente, la información
relevante para el tema del proyecto.
•
Recurran a distintas estrategias para registrar información de textos
expositivos y puedan dar cuenta de los conocimientos alcanzados a través de
esos
registros (notas, cuadros, fichas, etcétera).
•
Den cuenta de los criterios utilizados para resumir u organizar en cuadros
distintos textos explicativos justificando la importancia de la elección.
•
Empleen distintos recursos lingüísticos para explicar y organizar el texto de
la exposición o el informe:
-
definir conceptos;
-
clasificar información en distintas categorías;
-
reformular nociones;
-
dar ejemplos y especificar fenómenos y conceptos;
- presentar
el tema y ordenar explícitamente su desarrollo.
•
Extraigan y expresen de manera oral y escrita conclusiones en torno a la
problemática explicada.
•
Seleccionen de modo cada vez más autónomo los temas de discusión y las fuentes
de información que sean pertinentes para los propósitos de los
comentarios y los intercambios orales que
sobre ellos realicen.
•
Analicen las distintas marcas de subjetividad que aparecen en los textos con
opinión.
•
Reconozcan las distintas posturas y algunos argumentos centrales que utilizan
los autores de los textos leídos (periodistas, expertos, políticos, miembros de
asociaciones sociales, etcétera).
•
Asuman y mantengan una postura al defender sus argumentos, los que tendrán que
ser cada vez más sólidos y fundamentados.
•
Empleen en las cartas formales los distintos procedimientos y recursos
lingüísticos propios del lenguaje administrativo: organización del texto,
fórmulas de
tratamiento y otras convenciones, vocabulario
técnico, formas para presentarse y para apelar al destinatario, etcétera.
•
Empleen la terminología propia de la materia para referirse a diversos aspectos
gramaticales del lenguaje en uso y avanzar en la sistematización de los
conocimientos lingüísticos, para optimizar
las prácticas.
•
Reflexionen al finalizar los distintos proyectos de lectura, escritura e
intercambio oral sobre los conocimientos alcanzados y sobre:
•
las estrategias de lectura,
•
búsqueda de información,
•
planificación y revisión de los textos escritos,
•
las exposiciones, los debates, los comentarios u otras prácticas del lenguaje
oral para elaborar criterios que les permitan mejorar sus prácticas, valorar el
conocimiento alcanzado y reutilizarlo en
otras ocasiones.
REGIMEN Y CRITERIOS DE EVALUACIÓN
a)
Promoción: Los estudiantes deben cumplir y aprobar
con un promedio mayor o igual a 7 (siete)
con la evaluación de diagnóstico; evaluaciones escritas que integren los
contenidos, trabajos prácticas de acuerdo con los temas proyectados;
evaluaciones orales que integren los contenidos y carpeta de trabajo diario,
completa y en perfecto estado de orden y prolijidad.
b)
Calificaciones que se promediarán para el resultado de
cada trimestre:
• Evaluaciones escritas y orales
parciales.
• Evaluación integral anual.
• Trabajos prácticos (temas a convenir)
los cuales constarán de dos instancias: una escrita y una oral.
c)
Criterios: La evaluación del alumno es Integral y se
tendrá en cuenta su participación, predisposición y compromiso con la materia.
Los TP deberán ser entregados en tiempo y forma y con las pautas acordadas con
el docente. Los escritos deberán cumplir con las pautas de legibilidad,
cohesión, coherencia y ortografías necesarias. Es indispensable que el alumno
concurra con las actividades y el material solicitado, como con la carpeta
completa que será visada.
REGIMEN Y CRITERIOS DE EVALUACIÓN.
a) Promoción: Los estudiantes deben cumplir y aprobar
con un promedio mayor o igual a 7 (siete)
con la evaluación de diagnóstico; evaluaciones escritas que integren los
contenidos, trabajos prácticas de acuerdo con los temas proyectados;
evaluaciones orales que integren los contenidos y carpeta de trabajo diario,
completa y en perfecto estado de orden y prolijidad.
b) Calificaciones que se promediarán para el resultado de
cada trimestre:
• Evaluaciones escritas y
orales parciales.
• Evaluación integral anual.
• Trabajos prácticos (temas
a convenir) los cuales constarán de dos instancias: una escrita y una oral.
c) Criterios: La evaluación del alumno es Integral y se
tendrá en cuenta su participación, predisposición y compromiso con la materia.
Los TP deberán ser entregados en tiempo y forma y con las pautas acordadas con
el docente. Los escritos deberán cumplir con las pautas de legibilidad,
cohesión, coherencia y ortografías necesarias. Es indispensable que el alumno
concurra con las actividades y el material solicitado, como con la carpeta
completa que será visada.
COMPETENCIAS
TERMINALES.
• Participen, periódicamente, de sesiones
de comentario de las obras literarias:
- aporten sus interpretaciones;
- comparen los autores, los géneros, las
temáticas y otros ejes de análisis pautados
- hablen sobre sus experiencias de lectura
de esas obras y escuchen las de sus compañeros;
- respondan de manera oral o escrita a los
interrogantes explicitados sobre las obras.
• Den cuenta de los criterios utilizados
para resumir u organizar en cuadros distintos textos explicativos justificando
la importancia de la elección.
• Empleen distintos recursos lingüísticos
en la producción de textos.
• Extraigan y expresen de manera oral y
escrita conclusiones en torno a la problemática explicada.
• Analicen las distintas marcas de
subjetividad que aparecen en los textos con opinión.
• Reconozcan y usen estrategias
argumentativas.
▪ Identificación y aplicación de la
variedad en Registro
▪ Identificación, aplicación y
reconocimiento de elementos estructurales de la lengua y de ítems cohesivos
gramaticales que favorecen la
Cohesión y Coherencia textual.
CONTENIDOS
a) Ámbito de la Literatura
El Realismo,
Género Cs. Ficción, Género Fantástico,
lo Gótico, Género Lírico, Género
Dramático
b) Ámbito del Estudio
c) Ámbito de la Formación ciudadana
El Testimonio, Competencia comunicativa. Discurso político, Las variaciones lingüísticas
d) Enfoque lingüístico
Ítems Cohesivos,
El Verbo, Tiempos en la narración, Correlación de verbos irregulares,
Relaciones Cohesivas
Esquema de
comunicación y funciones del lenguaje, Usos de la Lengua , Oración compuesta,
Oración Compleja (PIS, PIA, PIAdv) Recursos Argumentativos
FV pasiva con se y Haber
impersonal
La polifonía, DDI
y DIN
La polisemia
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